miércoles, 25 de febrero de 2015

GARABO SENTIMENTAL



Hacia dónde va tu tren,
garabo sentimental,
una guerra sin cuartel
es tu vida nada más.

Hacia dónde va tu tren,
garabo sentimental,
de seguro que querés,
de cualquier forma, rajar.

Te batieron los amigos
un montón de fulerías
y con tus ojos has visto
que no te han dicho mentiras.

Hacia dónde va tu tren,
garabo sentimental,
en tus ojos pude ver
tus deseos de llorar.

Hacia dónde va tu tren,
garabo sentimental,
si en cualquier parte se ve
que todo siempre es igual.

jueves, 19 de febrero de 2015

JUAN SIN CRUZ

Juan sin Cruz, el poligriyo,
era un breón callejero
que donde hubiera bailongos
siempre llegaba primero.  

Diqueando a lo mariano
entró en el peringundín
y najusando a las grelas
sacó a bailar a Mimí.

En lo mejor de la farra
cayó el sábalo Muñoz
y su llegada produjo
una mala sensación.

Se comentaba en el rioba
que siempre andaba embroncado
desde el día en que su jermu
habíasele espiantado.

Relojeando tranquilo
los ojos clavó en Mimí
y como un tigre en acecho
se comenzó a sonreír.

Cuando un tango iba a empezar
se apersonó ante la grela
y con ásperas parolas
dijo de bailar con ella.

Pero ante la negativa
le chantó una bofetada
que toda la concurrencia
se quedó paralizada.

Ahí nomás Juan sin Cruz
se puso enfrente del sábalo
y le dijo que pegar
a minas no era de machos.

Muñoz miró al mequetrefe
que le chantaba el discurso
y con una carcajada
se burló de aquel pangrullo.

-Vamos p’afuera-, le dijo
muy sereno Juan sin Cruz,
-no me gusta matar ratas
en donde hay muy poca luz-.

La concurrencia, pasmada,
no sabía qué pensar
ante el alarde malevo
de aquel reo cachafaz.

Los dos hombres por delante
y detrás la concurrencia,
iba a pasar lo de siempre:
el duelo por una hembra.

Peláronse los facones
y bajo la luz lunar
ambas hojas plateadas
se vieron refucilar.

Se aprestó Muñoz, el sábalo,
lo mismo hizo Juan sin Cruz,
por un lado la experiencia,
por el otro juventud.

En cuanto se inició la cosa
con todo se fue Muñoz,
pero con habilidad
Juan su cintura movió.   

-Ya me la vas a pagar-,
decía Muñoz a ratos,
pero siempre lo esquivaba
Juan, para su sobresalto.

Hubo también grandes roces
y chispas entre las armas,
parecía que la cosa
nunca más se terminaba.

Pero al fin hubo un error
y llegó el tajo mortal,
un facón ensangrentado
selló la escena final.

Y fue entonces cuando el sábalo
otra carcajada dio,
pero de pronto, cayéndose,
le dijo: -¡Gracias, varón!

Y toda la concurrencia
se quedó allí impresionada
y Juan sin Cruz se alejó
silbando, como si nada.





miércoles, 18 de febrero de 2015

PIBA



La piba más papusa se nos va del suburbio,
pues se hartó de las cosas que baten las vecinas,
puros chismes banales que sin recato alguno
en todas direcciones dan las entrometidas.

Risueñamente algunas hablan de un sucedido
que data de otro tiempo, pero que da pa’ hablar,
que refiere la historia de un breón que la quiso,
que le dijo una sera ¡chau! y no volvió más.

Otras baten de un quía que se encuentra en Caseros
cumpliendo una condena por equivocación,
que sus cartas le manda y en ellas prometiendo
que al salir de la cárcel al civil van los dos.

No se sabe en verdad qué otras cosas se dicen,
pero la piba jura que pa’ siempre se irá.
Ah, qué vecinas éstas, todas unas metiches
que al marcharse la piba... ¡hablando seguirán!

viernes, 13 de febrero de 2015

PEDRO



Porque no aguantaba más
lo amasijaron a Pedro,
la cosa salió mancada...
¡y era su primer intento!

Porque Pedro, mis amigos,
era un breón bien derecho
que andaba siempre tirando
sin aflojar un momento.

Pero la suerte sotreta
lo fue dejando sin vento,
noches hubo en que sus pibes
se vieron sin alimento.

Ni siquiera había pan
que sirviera pa’ consuelo,
los buyones se escuchaban
como sirena ‘e bomberos.

Hasta que un día el destino
lo hizo toparse con Renzo,
un punguista principiante
que se buscaba ladero.

Pedro se dejó engrupir
por la labia del sujeto
y en afanar en la saca
de un ricachón convinieron.

En la noche se encontraron
y hablaron todo de nuevo
porque había que saber
hasta el dato más pequeño.

Pero lo que no sabían,
lo que jamás precavieron,
era que el dueño de saca
el viaje no había hecho.

Y lo que pasó después
pasó todo en un momento,
un llamado telefónico,
la yuta, fuga... y dos muertos.

Porque no aguantaba más
lo amasijaron a Pedro.
Y pensar, amigos míos,
que era un tipazo derecho.