lunes, 29 de junio de 2015

MÍA
















Mía, mía, la condena
de esperarla,
mía, mía, la tristeza
de soñarla,
y en mi copa de dolor,
como un río que desborda
bebo la nostalgia loca
de mi amor y de su adiós.

Me pidió que la esperase
sólo algunos años,
que tal vez el desengaño
la hiciera volver.
Pero el tiempo en su carrera
cada día va matando
mi anhelo desesperado
de volverla a ver.

Mía, mía, la condena
de esperarla,
mía, mía, la tristeza
de soñarla;
pero el dolor de la espera
es un licor que envenena
cada cacho de mi alma.

Me dijo que la esperara
y por eso yo la espero
como desde el primer día,
y en mi copa de dolor
bebo la horrible agonía
de mi amor.

Mía, mía, la condena
de esperarla,
mía, mía, la certeza
de saber
¡que no ha de volver!

CAFÉ BOULEVARD
















Ella era joven y bella, yo comenzaba a sentir
la partida inevitable de la abrileña estación,
todo mi espíritu era un arrebato sin fin,
pero mi mente gritaba llamándome a reflexión.

Ella era joven y bella, teníamos que romper,
era preciso decírselo y no postergarlo más,
y qué mejor que invitarla a compartir un café
en donde nos conocimos, en el Café Boulevard.

Café Boulevard,
tres mesas nomás,
Café Boulevard,
con son de gotán.

El reloj en la pared iba a señalar la hora
cuando de pronto la puerta se abrió silenciosamente,
había llegado al fin, se veía encantadora,
tanto que un nudo sentí en la garganta nacerme.

Café Boulevard,
tres mesas nomás,
Café Boulevard
y unas ganas locas
de querer rajar.

Ella tomó asiento,
yo la saludé,
y mientras me contestaba, sin poderme contener,
¡llorando al mozo pedía
las dos tazas de café!

BANDONEONISTA



















El abanico sonoro
de tu fuelle se desangra,
viejo bandoneonista,
si hasta parece que calca
la tristeza que desata
el tango con voz herida.

Bandoneonista, deja
de estrujar el pobre fuelle
que rezonga su dolor,
¿no ves que se me entristece
la sangre, no ves que duele
amargar al corazón?

Deja de estrujar el fuelle,
deja que el triste rezongo
se termine de una vez;
tu abanico sonoro
llora como el primer lloro
que di por una mujer.

Viejo bandoneonista
no desoigas mi consejo,
te lo pido, por favor,
¡bastante dolor ya tengo
pa’ que me amargue de nuevo
tu ronco bandoneón! 

viernes, 26 de junio de 2015

CUANDO TE CHAMUYO REO


















Cuando te chamuyo reo
¡te quedás viéndome feo!

Cuando te chamuyo reo
parece que no entendés,
¡por la cara que ponés
cuando te chamuyo reo!

Te quedás viéndome feo
que me asustás, ¿entendés?
¿Acaso huevos ponés
que quedás viéndome feo?

Cuando te chamuyo reo
ni jota vos me entendés,
pior el gesto que ponés:
¡te quedás viéndome feo!













¡PERO TENERTE... TENERTE!

Me hubiera gustado verte
Carlitos Gardel añoso,
con el cabello canoso
pero tenerte... tenerte.


Horacio Sanguinetti




















(11/12/1890 – 24/06/1935)



Me hubiera gustado verte
Carlitos Gardel añoso,
pero te cubrió la Muerte
con su manto tenebroso.

¡Cómo hubiera disfrutado,
hermano Carlos Gardel,
de un tanguito bien cantado
que me erizara la piel!

Me hubiera gustado en serio
escuchar tu voz bendita,
¡y no yendo al cementerio
del barrio de Chacarita!

Oh morocho del Abasto,
ese acento de zorzal
es como el mismo Yatasto
que nunca tendrá rival.

En Talcahuano y Corrientes
se echa en falta tu presencia
porque allí algunos fervientes
¡te buscan con insistencia!

Me hubiera puesto orgulloso
hermano Carlitos verte
con el cabello canoso
¡pero tenerte... tenerte!

 

A LA ÚLTIMA GRELA


Qué sola irá la grela, tan última y tan rara,
sus grandes ojos tristes trampeados por la suerte,
serán sobre el tapete raído de su cara,
los dos fúnebres ases cargados de la muerte.


Horacio Ferrer



















¿Será posta que extraña la noche tu presencia
cuando encienden los focos su incandescente luz?
¿Será que naide sabe de tu musha existencia
o será que sabiendo te hicieron ya la cruz?

¿Por dónde andarás, Grela, la del poema aquel
que escribió don Horacio inspirándose en vos?
¿Acaso ya te fuiste y ahora estás con él
chamuyando de tangos, sin hastío y sin tos?

¿Será que la Fulera al final te dio alcance?
¿Te fuiste entonces sola, tan última y tan rara,
sin tener por lo menos una mínima chance
del beso que se deja con cariño en la cara?

Pa’ mí que no te fuiste, que seguís en la vida
taqueando veredas y entonando un gotán,
porque una grela papa como vos no se olvida,
¡porque como vos otras ya nunca más serán!


¿FROILÁN...?















¿Por qué me decís Froilán?
¡Si yo me llamo Julián!

¿Por qué me decís Froilán
en los sueños que tenés?
¡Y al contarte ni sabés
por qué me decís Froilán!

Si yo me llamo Julián
y a tu lado me tenés,
¡desde hace mucho sabés
que yo me llamo Julián!

Por qué me decís Froilán
la explicación no tenés,
¡pero despierta sabés
que yo me llamo Julián!